na Jordana 38

Fase: Construido 2026
Localización: Ciutat Vella, València
Superficie: 85 m²
Equipo: la cooperativeta + Manu Espinosa (asesoría estructural)
Fotografía: David Zarzoso
Na Jordana es un proyecto de rehabilitación y restructuración de una vivienda en el barrio del Carmen. Partimos de una casa desconfigurada y parcheada, con unas estancias desproporcionadas e incómodas, pero que mantenía cierta esencia del pasado. Esta capa de su historia se entiende como una parte más del proyecto, un material más con el que trabajar y al que dar protagonismo.
La estrategia era sencilla: mantener, recuperar, reforzar y revalorizar. Con esta premisa, la actuación debía ser una arquitectura sutil que adapte el espacio a las nuevas necesidades. Se eliminaron los elementos impropios y se abrió la zona de día, rescatando las puertas y destacando toda la estructura de madera y revoltón cerámico. El baño se materializa como una prolongación de la estantería del salón, como un mueble más que pasa desapercibido. El gesto de curvarlo e inclinarlo consigue suavizar su presencia y potenciar la entrada de luz desde el patio. De esta forma, se convierte en un elemento que acota el espacio de la cocina-comedor, interactuando tanto con esta zona como la del salón en sí mismo.

La cocina, de tonos blancos, resalta toda una pared de azulejos conservados y estuco maltratado por los años, incorporando las vidas pasadas de la vivienda a nuestro tiempo. Para dejar toda esa zona intacta, se crea un falseado tras los muebles por el que pasar todas las instalaciones y generar así una pequeña repisa tras la encimera que recoja los utensilios del día a día en la cocina. De este modo, este conjunto se entiende como un elemento más que se monta y desmonta, respetando lo existente.
Todo este proceso está acompañado de un trabajo de estudio de refuerzos estructurales posibles, unos previstos y otros no tanto. Se trata de un edificio de la segunda mitad del siglo XIX, con fachadas de ladrillo portante y dos tipos madera en las viguetas del forjado. El paso de diferentes propietarios fue tapando problemas con apaños, por lo que hubo que descubrir, estudiar, eliminar y sanear todo.
La fachada principal se conserva en buen estado, mientras que la que recae al patio interior no, por lo que parte de las viguetas y dinteles estaban podridos y afectados por xilófagos. Se llevan a cabo trabajos de sustitución funcional de las viguetas con perfilería metálica y se reemplazan algunos dinteles de madera, totalmente huecos, aprovechando así para dar soporte a la capa de refuerzos creada. En lo que respecta a la crujía de la fachada principal, la luz de las viguetas, sin la tradicional partición portante, se decide reducir mediante un parteluz oculto desde la zona de día. Por su parte, en el forjado inferior se recomponen las cabezas de vigueta afectadas y se refuerza el conjunto con una capa de compresión.
Este conjunto de refuerzos se muestra como una capa más que contar, sin esconderse ni buscar protagonismo. Con todo ello, se crea un diálogo entre lo existente y lo nuevo en el que la arquitectura de la época se pone en valor.